miércoles, 10 de septiembre de 2008

El siguiente adiós



Él vuelve mañana y yo me marcho otra vez con él. Le quiero, mucho, muchísimo. Es la otra parte que, sin duda, siempre me faltó. Y aunque con gratos recuerdos de Valladolid y renovadas intenciones de ser yo más que nunca, dándolo todo si es que el mundo me lo quiere aceptar (como dije hace poco en una conversación de bar), me vuelvo. Siento haber trasladado y creado falsas expectativas con respecto a mi presencia. Siento si, en algún momento, mi ausencia se nota o si duele. Sólo quiero que mi efímera presencia sea siempre bienvenida como para mí son todos los efímeros encuentros con vos (otros). No puedo decir que no os quiero. Sólo puedo decir que mi alma es frágil, débil, de hueso flaco y absurda impulsibidad; pero de gran sensibilidad y poca astucia.


Todo lo que he dicho lo he sentido de verdad. Desde mis entrañas ha salido todo...y las entrañas es lo más hondo y profundo que poseo.


Os echaré de menos, como lo he venido haciendo hasta entonces. Pero cada uno tenéis un pequeño momento en mi memoria y un fragmento de mi corazón. A demás de mi número de teléfono porque como ya dije a alguien en algún momento...no es posible no encontrarme al otro lado.




1 comentario:

aralia* dijo...

Si hay algo en los dos últimos días que llevo deseando con toda mi alma, es no tener que volver a decir "No me dejes, como el año pasado. Otra vez no."

Y no quiero pensar en que vas a volver, ni aunque mañana me lo dijeras, no volvería a querer sentir nunca las ganas de estar contigo, más que cuando te sienta al lado. Contigo he aprendido que no se puede disfrutar de las cosas al pensarlas, porque éstas no son reales. Sólo son reales cunado las palpamos, o nos golpean con mazazos de realidad. Así que discúlpeme señorita, si no vuelvo a alegrarme haciendo planes de futuro con usted, o si no atiendo el buzón de sugerencias. Pero acuérdese de lo poco que significa eso.

Puedes volver a leer lo que sentí el año pasado (http://aralialuna.blogspot.com/2007/08/mi-nena.html) sigue colgado, igual que vuelven a quedar en suspenso mis ganas de reanudar las cosas. En cierto modo, te convertiste en ligadura de muchas cosas, y al irte hubo puzzles que se quedaron sin poder a volver recomponerse. Supongo que si tu destino es no estar, el del resto de las piezas, será estar separadas.

Pero en realidad, a mí eso me da bastante igual. Cada vez soy más egoísta, y lo que más me duele de que vuelvas a marcharte, es que me voy a volver a quedar sin algo que me hacía mucha falta. Te lo dije cuando me alegré de tu regreso, y te lo digo cuando lloro tu despedida. No sé por qué, pero hasta el momento hay un hueco que queda vacío, y que, sinceramente, creo que me costará llenar. Es difícil encontrar el punto medio del que hablábamos, y yo lo encontré contigo.

Te deseo toda la suerte del mundo*